LA CONCIENCIA VIVIENTE: EL SUSTRATO NERVIOSO (JOSÉ LUIS DÍAZ)

“Con las evidencias actuales respecto a los fundamentos nerviosos de la conciencia (la ruta quizás más importante de su naturalización), es difícil evitar la idea de que el percatarse involucre pautas de actividad cerebral diseminadas y jerarquizadas que abarquen las modalidades sensoriales, afectivas, cognoscitivas y volitivas. En este sentido, la conciencia sería una propiedad aparentemente sistémica de los cerebros funcionales que no puede ser atribuida a una zona privilegiada o a diversas partes o módulos separados, sino a su conflagración compleja y semiordenada. Según los datos que hemos revisado acerca del procesamiento de información hay múltiples actividades cerebrales cognitivas llevándose a cabo por módulos especializados que operan en paralelo y fuera de la conciencia. Sobre esta actividad se estructura otra muy distinta, estrechamente asociada a la conciencia que no opera en paralelo sino en serie, que no tiene capacidad para procesar la información de los módulos pero sí para enlazar, modular e integrar a los diversos módulos. ¿Cómo es que este flujo de información serial, limitado en capacidad y consciente emerge de una actividad nerviosa inconsciente, paralela, modular y de capacidad virtualmente ilimitada? Ésta es una pregunta central en el programa de la neurobiología de la conciencia. Por desgracia, por el momento casi nada se puede responder a ella. Insisto en que las grandes teorías de la relación mente-cuerpo no conducen por el momento a hipótesis contrastables empíricamente, e incluso hay quien afirma (Rakover, 1992) que no lo han hecho nunca en la historia de la ciencia. Por estas razones dejaré para más adelante las grandes teorías psicofísicas y, en cambio, daré lugar a hipótesis más modestas, así como a datos empíricos con los cuales se ha podido entretejer una eficiente plataforma de trabajo. Sin duda será necesario ubicar adecuadamente cualquier teoría de la conciencia en una opción filosófica de la relación mente-cerebro para afianzarla y hacerla más viable.

El mapa de posibles correspondencias entre mente y cerebro que dio inicio con la neuropsicología de lesiones cerebrales específicas, representa un abordaje empírico adecuado y cada vez más preciso (Shallice, 1991). Uno de los frutos más conocidos de este abordaje se refiere a las diversas modalidades de conciencia que se ejecutan en los dos hemisferios cerebrales y que constituyeron el principal hallazgo del Premio Nobel Roger Sperry (Ornstein, 1972; Sperry, 1977) en pacientes con el cuerpo calloso cercenado, es decir, con la principal comisura cerebral cortada, lo que resulta en un cerebro escindido. De acuerdo con esta línea de investigación, en la mayoría de las personas diestras el hemisferio izquierdo está especializado en procesos lingüísticos y descripciones lógico-analíticas de detalles que operan en un marco temporal, de tal manera que este hemisferio juega un papel esencial en interpretaciones de las cualidades literales, semánticas y sintácticas de la comunicación. El hemisferio derecho, en cambio, se especializa en procesamiento espacial, codificación de imágenes, síntesis de formas y procesamiento intuitivo, por lo que participa en la percepción cualitativa, el reconocimiento de formas y rostros, el procesamiento de la música, o en la cualidad prosódica de la comunicación. Se ha considerado que la habilidad para cambiar de una modalidad a otra juega un papel importante en el progreso de métodos educacionales, la ejecución artística, la meditación y la psicoterapia (Gott et al., 1984; Ornstein, 1972).

Otro de los hallazgos mejor establecidos en la psicofisiología de la conciencia demuestra que antes de que los sujetos ejecuten una respuesta o se percaten de una decisión, acontecen cambios electroencefalográficos asociados al evento (Kornhuber, 1973). Se requiere al menos medio segundo de actividad en la corteza cerebral para que ocurra la experiencia sensorial. De la misma manera, la intención consciente ocurre después de iniciado el proceso cerebral, pero antes de la ejecución motora, de hecho tanto como para que el proceso consciente interfiera o incluso vete el movimiento (Libet, 1985). Esto viene a confirmar la idea de que la conciencia surge con un procesamiento nervioso en marcha y que tiene eficacia causal sobre el transcurso de la información, especialmente en el que se refiere a la acción motora, es decir, a la conducta.

Dos premios Nobel en otras áreas de la biología han incursionado en la neurobiología de la conciencia y aportado teorías empíricas de gran interés. Me refiero al descubridor de la doble hélice, Francis Crick, y al inmunólogo Gerald Edelman. Crick y Koch (1990 y 1992) establecieron cuatro requerimientos para fijar hipótesis sobre las bases cerebrales de la conciencia (Aurell, 1989). En primer lugar debe activarse un número suficientemente grande de neuronas cerebrales, en particular de la corteza cerebral. Éste es un requisito cuantitativo (Ayer y Winch, 1968). Tales neuronas deben tener ciertas capacidades peculiares, como sucede, por ejemplo, con las de la capa VI de la corteza; este requisito es cualitativo (Baars, 1988). Un tipo de descarga neuronal debe asociarse específicamente a la conciencia, como por ejemplo la conducta oscilatoria de 35-65 Hz, es decir la banda gamma del electroencefalograma, un requisito conformacional. Las neuronas involucradas deben establecer un acoplamiento funcional específico que constituya el enlace, lo cual es un requisito conexionista. A manera de corolario, Crick y Koch emiten la hipótesis concreta de que el enlace se logra también por la descarga sincrónica de todas las neuronas asociadas a la percepción visual de un objeto. La ventaja de este tipo de hipótesis es que pueden ser contrastadas empíricamente, lo cual constituye un avance extraordinario en la investigación de la conciencia.

Una imaginativa hipótesis ha intentado reunir la selección natural y la neurociencia. Me refiero al darwinismo neuronal de Gerald Edelman (1987), factible de sintetizarse en cinco proposiciones:

  1. el genoma no puede especificar totalmente el alambrado del cerebro, por lo cual no es posible considerarlo fijo;
  2. los cerebros individuales son diversos en estructura, por lo que es poco probable que haya una identidad general tipo entre funciones mentales y cerebrales;
  3. se seleccionan ensamblajes neuronales durante el aprendizaje de catalogar las experiencias;
  4. tales ensambles pueden tener funciones muy diversas, como la percepción del rojo, del naranja o la imaginación de algo rojo, y
  5. el sistema neuronal que funciona de acuerdo con principios ontogénicos más que filogénicos, puede adquirir, revisar o abandonar todo tipo de funciones y perder elementos sin perder la función.”  

(Díaz, 2007, pp. 55-58)

Díaz, José Luis (2007). La conciencia viviente. México D. F.: Fondo de Cultura Económica.

ASOCIACIÓN SELECTIVA: EL CONDICIONAMIENTO NO OBEDECE AL PRINCIPIO DE EQUIPOTENCIALIDAD (JOHN PEARCE)

“García y Koelling (1966) proporcionaron una de las demostraciones más claras de este tipo de efecto utilizando una técnica muy simple. A unas ratas sedientas se les permitió beber agua con un sabor salado de un tubo en presencia de un estímulo exteroceptivo distintivo que estaba compuesto por una luz y un clic. Para un grupo el consumo de agua iba seguido de una inyección de un veneno suave que inducía una enfermedad; para otro grupo la consecuencia de beber era una descarga eléctrica. Después de varias sesiones de este entrenamiento se devolvió a los sujetos al aparato para realizar varios ensayos de prueba; en algunos ensayos, beber agua sin sal se acompañaba de la luz y el clic, en otros se omitieron estos estímulos pero el agua contenía sal. Los animales que previamente habían recibido la descarga mostraron una marcada aversión a beber en presencia de la luz y el clic pero se mostraban confiados bebiendo agua salada sola. Por el contrario, los animales a los que se les había hecho enfermar bebieron generosamente del agua que iba acompañada por la luz y el clic pero la rechazaron cuando tenía sabor a sal.” (Pearce, 1998, p. 15)

“… la teoría de Mackintosh (1975) tiene el mérito de indicar una nueva manera de enfocar el efecto que se conoce como asociación selectiva. Un supuesto que una vez fue común a muchas teorías del aprendizaje es que el condicionamiento será igual de efectivo, sean cuales sean los estímulos que se emparejen juntos. En una discusión de este tópico, Seligman y Hager (1972) denominaron a esta afirmación como el principio de equipotencialidad, pero argumentaron que hay suficientes pruebas como para contradecirlo. Por ejemplo, García y Koelling (1966) encontraron que las ratas asocian un sabor novedoso con un malestar posterior mucho más rápidamente que un compuesto auditivo-visual. Esto no se debe simplemente a que el estímulo interoceptivo sea más intenso y por eso un EC más efectivo que el compuesto exteroceptivo, ya que se encontró un patrón de resultados opuesto cuando los estímulos se emparejaron con una descarga. Además, este patrón de resultados no se limita a sabores, malestares, o ratas. Shapiro, Jacobs y LoLordo (1980) han demostrado un resultado similar con palomas. Estos animales aprenden sin demasiados problemas que una luz roja señala comida, pero aprenden con dificultad cuando se usa el mismo estímulo como señal de descarga. Contrariamente, el condicionamiento de un tono es más rápido cuando señala un EI aversivo que cuando señala uno apetitivo. El término asociación selectiva se refiere a este hallazgo general de que algunas relaciones EC-EI se pueden aprender más rápidamente que otras.

Una explicación de la asociación selectiva es que se debe a que algunos estímulos, o dimensiones del estímulo, están más relacionados con la ocurrencia de eventos biológicamente significativos que otros. En el caso del estudio de García y Koelling, por ejemplo, los sabores deberían proporcionar información más fiable que el sonido, de si una cierta comida está o no envenenada. Dado que tales relaciones ocurren de manera natural, lo que más le conviene al animal es aprovecharlas aprendiendo rápidamente aquellas que son más fiables. Por otra parte, los animales también se pueden beneficiar si están dispuestos a aprender poco o en absoluto de aquellas relaciones que son improbables en su ambiente natural (Seligman, 1970; Seligman y Hager, 1972).

Por tanto, los experimentos sobre asociación selectiva sugieren que durante el condicionamiento los animales atenderán más a aquellos estímulos, o dimensiones, que en el pasado han demostrado ser predictores fiables del EI en cuestión. Pero ¿cómo saben qué claves son más relevantes para un determinado EI? Según Rozin y Kalat (1971), este conocimiento se adquiere a consecuencia de procesos evolutivos. Es decir, algunos miembros de una especie pueden tener una disposición innata para aprender rápidamente la relación entre sabores y malestar, y por eso, tener más probabilidades de sobrevivir y pasar a otros esta característica, que aquellos que carecen de ella.

La implicación de esta sugerencia es que la asociación selectiva será evidente desde las mismas crías, cosa que apoyan los hallazgos de Gemberling y Domjan (1982). Unas ratas se condicionaron cuando solo contaban 24 horas de edad o bien a un malestar, inducido por una inyección de cloruro de litio, o a una descarga eléctrica. Cuando el EI fue el malestar, el consumo de sacarina —pero no el que se las colocara dentro de una caja de cartón— fue un EC efectivo. Pero cuando el EI fue la descarga, el EC más efectivo fue el que se las colocara dentro de la caja antes que la sacarina. No es probable que las ratas hubieran aprendido algo durante sus primeras 24 horas de vida que explicara este patrón de resultados. En cambio, la explicación más probable de estos hallazgos es que las ratas están genéticamente dispuestas a aprender algunas relaciones más fácilmente que otras.

Además de los factores innatos, el descubrimiento de un efecto conocido como irrelevancia aprendida sugiere que la experiencia de un animal también puede contribuir a la asociación selectiva.” (Pearce, 1998, pp. 99-100)

Pearce, John M. (1998). Aprendizaje y cognición. Barcelona: Ariel Psicología.

About

Stefano Gissi

Psicólogo clínico

Santiago de Chile

E-mail: stefanogissidiaz3000@gmail.com

MAPAS COGNITIVOS, CÉLULAS DE LUGAR Y ORIENTACIÓN ESPACIAL (CARLOS DELGADO)

John O’Keefe. Fuente de la imagen: Wikipedia

“El estudio y descubrimiento del GPS cerebral tiene una larga historia. Investigando el aprendizaje en ratas de laboratorio los primeros psicólogos experimentales encontraron que los roedores eran capaces de orientarse en un laberinto luego de repetidos intentos para encontrar la ruta de salida correcta. Inicialmente se pensó que los roedores aprendían de memoria la secuencia de pasos y giros que debían efectuar para determinar su posición. En la década de los 30 del pasado siglo, el psicólogo estadounidense Edward Tolman de la Universidad de California en Berkeley, encontró que muchas veces las ratas buscaban atajos y efectuaban rodeos intentando encontrar la salida apropiada. Propuso que de alguna manera los roedores eran capaces de crear mapas mentales de los laberintos para escapar.

Tuvieron que pasar más de 40 años para que el neurocientífico británico-estadounidense, John O’Keefe, comenzara a desentrañar el misterio en 1971. Trabajando con ratas de laboratorio encontró que una población de neuronas del hipocampo de estos roedores se activaba cuando estas se encontraban en un punto determinado de una habitación. Otra población de neuronas diferentes aumentaba la frecuencia de sus disparos cuando el roedor se trasladaba a otro lugar. O’Keefe llamó a estas neuronas células de ubicación [place cells, también traducido como células de lugar] y creyó que codificaban para la creación de un mapa interior de la habitación en el cerebro del roedor. Cuando el roedor cambiaba de lugar dentro de la habitación, los microelectrodos colocados en el interior de las neuronas individuales mostraban que se activaba otro grupo distinto de neuronas. La secuencia de activación de estas células de ubicación daba origen a un mapa que permitía deducir el lugar exacto donde se encontraba el roedor en un momento dado. Parecía que estas neuronas de ubicación formaban parte del mapa cognitivo de localización que Tolman había propuesto unas décadas antes.

Patrones de disparo espacial de 8 células de lugar registradas de la capa CA1 del hipocampo de una rata. La rata corría de un lado a otro a lo largo de una pista elevada, deteniéndose en cada extremo para comer una pequeña recompensa de comida. Los puntos indican las posiciones donde se registraron los potenciales de acción, y el color indica qué neurona emitió ese potencial de acción.
By Stuartlayton at English Wikipedia, CC BY-SA 3.0

En el 2002, los psicólogos noruegos May-Britt Moser y Edvard Moser comenzaron a identificar los otros componentes claves. Las células de ubicación no parecían depender de circuitos localizados exclusivamente en el hipocampo. Una conexión parecía existir entre el hipocampo y un área vecina, la corteza entorrinal. Al igual que las neuronas del hipocampo, las células de la corteza entorrinal se activaban cuando el animal se situaba en un punto concreto del recinto. Pero a diferencia de las neuronas del hipocampo que se activaban individualmente de acuerdo al punto de ubicación, aquí cada neurona de la corteza entorrinal se activaba en muchos de los puntos visitados. No solo eso, la activación de las neuronas parecía seguir un patrón que recordaba una conocida figura geométrica ¡los lugares donde se activaban formaban los vértices de un hexágono! La neurona se activaba cuando el animal pasaba sobre cada vértice. Estas células especiales, a las que los investigadores bautizaron con el nombre de células de retícula, parecían generar un sistema de coordenadas en el interior del cerebro. Este sistema de coordenadas mentales muy similares a los mapas que aparecen en las pantallas de los dispositivos inteligentes, son los que finalmente nos permiten posicionarnos en el espacio, navegar y escoger algunas de las posibles opciones capaces de llevarnos a nuestro destino.

En el 2008, se descubrieron otro tipo de células involucradas, las células de límite. Estas células parecen calcular la distancia entre el animal y la presencia de obstáculos en el camino, por ejemplo, una pared. Luego en el 2015 apareció en escena un cuarto tipo de células que respondían a la velocidad alcanzada por el roedor en la búsqueda de una salida.

A partir de las posiciones que activan las células de ubicación, de retícula, de límite y de velocidad se crea un mapa cognitivo muy similar a los mapas geográficos que le permiten identificar al animal su localización en el espacio. Este mapa cognitivo se termina pareciendo a una imagen mental del lugar donde se encuentra el roedor.

Por estos importantes descubrimientos, John O’Keefe, May-Britt Moser y Edvard Moser recibieron el premio Nobel de medicina y fisiología en el 2014.”

Delgado, Carlos (2018). El nuevo cerebro humano: Críticas, reflexiones y nuevos descubrimientos. Ediciones B.

ES UN MITO QUE SOLO USAMOS EL 10% DEL CEREBRO

Aquí un excelente video educativo…

TERAPIA COGNITIVA DE LA DEPRESIÓN (AARON BECK)

En este video, desde 9:40 en adelante el Dr. Beck relata cómo descubrió que la teoría de Freud sobre la depresión como “ira vuelta contra sí mismo” es falsa. Beck estudió sueños de depresivos y descubrió que estadísticamente en ellos hay MENOS componentes hostiles que en los sueños de sujetos control (minuto 11:50).

Los párrafos escritos a continuación no son parte del video sino del clásico libro “Terapia cognitiva de la depresión”, de Aaron Beck y colaboradores:

“Aunque personas diferentes pueden conceptualizar la misma situación de maneras diferentes, una persona determinada tiende a ser consistente en sus respuestas a tipos de fenómenos similares. Ciertos patrones cognitivos relativamente estables constituyen la base de la regularidad de las interpretaciones acerca de un determinado conjunto de situaciones. El término “esquema” designa estos patrones cognitivos estables.

Los tipos de esquemas empleados determinan el modo como un individuo estructurará distintas experiencias. Un esquema puede permanecer inactivo durante largos periodos de tiempo y ser activado por inputs ambientales específicos (por ejemplo, situaciones generadoras de ansiedad). Estos esquemas activados en una situación específica determinan directamente la manera de responder de la persona. En los estados psicopatológicos tales como la depresión, las conceptualizaciones de los pacientes acerca de determinadas situaciones se distorsionan de tal modo que se ajustan a esquemas inadecuados preexistentes. El emparejamiento ordenado de un esquema adecuado con un estímulo concreto se ve alterado por la intrusión de los esquemas idiosincráticos activos. A medida que estos esquemas idiosincráticos se van haciendo más activos, son evocados por un conjunto de estímulos cada vez mayor que mantiene una escasa relación lógica con ellos.

Errores en el procesamiento de la información

Una manera de abordar el desorden de pensamiento presente en la depresión es conceptualizarlo en términos de modos “primitivos” de organizar la realidad vs. modos “maduros”. Parece claro que las personas depresivas tienden a estructurar sus experiencias de un modo bastante primitivo. Tienden a emitir juicios globales respecto a los acontecimientos que afectan su vida. Sus contenidos de pensamiento tienen una gran probabilidad de ser extremos, negativos, categóricos, absolutistas, etc. La respuesta emocional, por lo tanto, tiende a ser negativa y extrema. En contraposición a este tipo de pensamiento primitivo, un pensamiento más maduro integra automáticamente las situaciones en varias dimensiones (en lugar de una única categoría), en términos cuantitativos más que cualitativos, y de acuerdo con criterios relativos más que absolutistas. En el pensamiento primitivo, la complejidad, variabilidad y diversidad de las experiencias y la conducta humanas se reducen a unas pocas categorías.

Parece que las características del pensamiento típico del depresivo son análogas a las expuestas por Piaget (1932/1960) en sus descripciones del pensamiento infantil. Hemos aplicado la etiqueta “primitivo” a este tipo de pensamiento para distinguirlo del pensamiento más adaptativo observado en estadios posteriores del desarrollo. A continuación, se esquematizan las características que diferencian ambas formas de pensamiento.

PENSAMIENTO “PRIMITIVO” PENSAMIENTO “MADURO”
No dimensional y global: Soy un miedoso. Multidimensional: Soy medianamente miedoso, bastante generoso y ciertamente inteligente.
Absolutista y moralista: Soy un despreciable cobarde. Relativo, no emite juicios de valor: Soy más cobarde que la mayoría de las personas que conozco.
Invariable: Siempre fui y siempre seré un cobarde. Variable: Mis miedos varían de un momento a otro y de una situación a otra.
“Diagnóstico basado en el carácter”: Hay algo extraño en mi carácter. “Diagnóstico conductual”: Evito en gran medida algunas situaciones y tengo diversos miedos.
Irreversibilidad: Como soy intrínsecamente débil, no hay nada que se pueda hacer con mi problema. Reversibilidad: Puedo aprender modos de afrontar situaciones y de luchar contra mis miedos.

Un modelo de interacción recíproca

Hasta el momento, nuestra discusión sobre la teoría cognitiva de la depresión podría parecer desequilibrada o sesgada; puede dar la impresión de que el paciente desarrolla la depresión independiente de sus experiencias interpersonales. Parte de este énfasis, aparentemente excesivo, en los aspectos “intrapsíquicos” de la depresión es el resultado del hecho de que nos centremos deliberadamente en el individuo y en cómo construye la realidad. Ahora bien, se puede ampliar la unidad de observación a los aspectos relevantes del ambiente del individuo (por ejemplo, la familia, los amigos, los compañeros, el jefe, etc.).

Como señaló Bandura (1977), la conducta de una persona influye sobre otros individuos, cuyas acciones, a su vez, influyen sobre la persona. Puede suceder que una persona que se encuentra en las primeras fases de una depresión se aparte de algunas personas significativas o relevantes para ella. Ofendidas, estas “personas significativas” podrían responder con rechazos o críticas, que, a su vez, activarían o agravarían el autorechazo y la autocrítica del propio individuo (en otros casos, el rechazo por parte de otros puede ser el primer eslabón de la cadena que conduce a la depresión clínica). Las conceptualizaciones negativas resultantes llevan al paciente (que ya puede encontrarse deprimido) a un mayor aislamiento. Este círculo vicioso puede continuar hasta que el paciente esté tan deprimido que ya no le causen efecto los intentos de ayuda y las muestras de cariño y afecto por parte de los demás.

Una relación interpersonal armoniosa, por el contrario, puede actuar como amortiguador o parachoques de cara al desarrollo de una depresión incipiente. Un sistema de apoyo social sólido puede servir para proporcionar muestras de aceptación, respeto y afecto que neutralicen la tendencia del paciente a subestimarse.

Cuando existen interacciones contraproducentes con personas significativas que contribuyen al mantenimiento de la depresión, puede ser adecuada alguna forma de “terapia de pareja”, asesoramiento matrimonial o terapia familiar.

Debe hacerse notar que existe una considerable variabilidad entre los pacientes depresivos en cuanto al grado en que la depresión mejora o se agrava en función de otras personas. Se puede decir que algunas depresiones avanzan a lo largo de un camino inexorable a las influencias ambientales favorables.”

Beck, A., Rush, A., Shaw, B. & Emery, G. (2010) Terapia cognitiva de la depresión (19ª edición). Bilbao: Desclée de Brower, pp. 21-25.

TERAPIA COGNITIVA: DOLOR CRÓNICO Y PROBLEMAS FINANCIEROS

Aaron Beck, padre de la terapia cognitiva.

Aaron Beck, padre de la terapia cognitiva.

“Otro tema crítico para los pacientes con dolor crónico es lidiar con las dificultades financieras, en especial con las pérdidas financieras significativas. Si no pueden regresar a trabajar, estos pacientes pueden empezar a sufrir apuros financieros significativos mientras esperan que sus certificados de discapacidad sean tramitados y verificados y que sus procesos legales sean liquidados y adjudicados. Incluso si los pacientes no están implicados en una defensa de haber sufrido daño personal o un accidente en el trabajo, las cuentas de su atención médica asociadas con su condición de dolor crónico pueden incrementarse a lo largo del tiempo. Algunos pacientes no tiene previsión de salud o tiene precarios beneficios previsionales, lo que resulta en dificultades financieras aún mayores. Algunas de las instituciones o empresas que reembolsan a los proveedores de atención de la salud por los servicios prestados a los pacientes, cuestionan la necesidad de tratamientos paliativos del dolor o incluso no cubren en absoluto estos tratamientos. No es inusual que los pacientes con dolor crónico experimenten una serie de pensamientos negativos acerca de sus dificultades financieras. Algunos ejemplos son “¿Por qué me está pasando esto a mí?”, “Estoy siendo castigado”, “No puedo mantener a mi familia (y debería hacerlo)”, “¿Dónde están mis cheques de compensación?”, “Tengo miedo de que perderé mi casa”, “¿Me obligará mi empleador a jubilarme?”, “¿Perderé mi trabajo?”, y “Si no puedo cumplir mis obligaciones financieras, lo perderé todo”. Algunos de estos pensamientos podrían ser de naturaleza realista. Cuando lo son, son recomendables las estrategias de resolución de problemas. Cuando estos pensamientos son no realistas o catastróficos, entonces el objetivo es ayudar a los pacientes a evaluar y modificar estos pensamientos para que no se sientan abrumados por ellos.

Algunos pacientes con dolor crónico están preocupados por su capacidad de pagar facturas y mantener calificaciones crediticias adecuadas dada su situación (sea esta la pérdida de su trabajo o enormes gastos médicos). Algunos pacientes tienen dificultades para pagar sus facturas y entonces tienen que lidiar con agentes de facturación. Esta puede ser una experiencia desmoralizadora para los pacientes que solían ser los proveedores de sus familias. Aquellos pacientes que no pueden pagar sus facturas a tiempo debido a apuros financieros, pueden necesitar ayuda para lidiar con los cobradores. En general, los pacientes deberían ser referidos a servicios de consejería financiera en sus comunidades. Un abogado poder dar algunas recomendaciones sobre cómo manejar estos asuntos financieros, sobre todo cuando están relacionados con transacciones judiciales.

Xavier, un hombre latino de 45 años de edad, se lesionó sus 2 rodillas en un accidente laboral. Dado el daño significativo a sus rodillas, él no pudo volver al trabajo. Severas penas financieras era todo lo que Xavier podía ver en su futuro hasta que su caso fuera resuelto en los tribunales. Las frecuentes llamadas telefónicas de cobradores tendían a gatillar su depresión y ansiedad acerca de sus finanzas. Los pensamientos de Xavier acerca de su situación financiera incluían “Estoy en profundos problemas financieros, sin solución a la vista”, “Estos cobradores de cuentas no quieren escuchar que estoy esperando un cheque, o que no he trabajado en 14 meses. No quieren escucharlo, y estoy cansado explicárselos”, “Me molesta que no tengo ningún control sobre lo que pasa día a día” y “Me siento perdido, como que no hay ninguna solución”.

Xavier tenía un problema real, pero él lo estaba haciendo aún peor al pensar obsesivamente sobre su situación financiera cuando estaba sentado solo en su casa sin estructurar su tiempo. Xavier admitió que él pensaba sobre su situación financiera todo el tiempo. Cuando fueron exploradas las ventajas y desventajas de pensar obsesivamente sobre su situación financiera, él se dio cuenta del impacto negativo que tenían sus pensamientos obsesivos sobre su ánimo y sus niveles de dolor. Su terapeuta le preguntó cuánto tiempo necesitaba cada semana para enfocarse en su situación financiera para poder organizar sus asuntos financieros e intentar resolverlos. Xavier y su terapeuta acordaron que gastar más de una hora al día en pensar sobre su situación financiera solo exacerbaría la ansiedad y la depresión que estaba experimentando.

Una tarea útil que le fue asignada fue dedicar media hora al día a sus preocupaciones sobre su situación financiera y cualquier otra preocupación (programación de la actividad, véase el capítulo 5). Cuando el tiempo de preocupación se había acabado, Xavier y su terapeuta acordaron que Xavier planearía hacer algo placentero y agradable por al menos media hora después de su tiempo de preocupación programado (aumentar las actividades placenteras, véase el capítulo 5).

La reestructuración cognitiva también fue enfatizada al ayudar a Xavier a lidiar con sus pensamientos negativos sobre sus finanzas. Por ejemplo, uno de los pensamientos automáticos negativos que más lo afligía era “No tengo control sobre mi situación financiera”. Cuando este pensamiento fue discutido con cierto detalle, Xavier se dio cuenta de que él sí tenía algún control sobre su situación financiera. Por ejemplo, él estaba en contacto permanente con el abogado que estaba manejando sus asuntos financieros, él había hecho los pagos que había podido, en especial a su banco hipotecario, y él había hecho un presupuesto de su dinero para gastos básicos (comida, ropa y albergue). Era verdad que su estilo de vida había tenido que ser adaptado dado su dolor de rodilla crónico y limitados recursos financieros; sin embargo, él estaba dando pasos para ganar algún control sobre sus finanzas hasta que su caso fuera resuelto en la corte. Enfocarse en su liquidación futura y hablar con su abogado ayudó a Xavier a mantenerse ocupado y se sintió menos desesperanzado sobre su situación.

Xavier todavía estaba angustiado por las llamadas de los cobradores. Una solución fue pedir a su abogado escribir cartas de protección a estos cobradores. Estas cartas aseguran legalmente a los cobradores que se les pagará de la liquidación de Xavier una vez que la resolución judicial haya sido realizada. Al consultar con su abogado y requerir que le fueran enviadas cartas de protección a los cobradores, Xavier traspasó su “pesada carga” de responsabilidades a su abogado, quien tenía la capacidad de manejar tales asuntos.

Sin embargo, Xavier era responsable por cómo él manejaba las conversaciones telefónicas con los cobradores y, en especial, por cuánto iba a permitir a esas llamadas molestarlo. Xavier y su terapeuta hicieron juegos de rol para practicar modos en los que él podía ser asertivo con los cobradores al teléfono. Xavier aprendió a mantener la conversación telefónica corta informando a los cobradores que él estaba actualmente involucrado en un caso judicial por daño laboral y que debían contactar a su abogado con respecto a materias financieras, dándoles entonces el nombre y teléfono de su abogado. Otra intervención útil fue alentar a Xavier a filtrar (screen) sus llamadas telefónicas[1], sobre todo poniendo límites a cuán seguido él chequeaba los mensajes en la grabadora.”

Winterowd, C., Beck A. & Gruener, D. (2003). Cognitive Therapy with Chronic Pain Patients. Nueva York: Springer, pp. 300-303.

[1] El filtrado de llamadas (call screening) es el proceso de evaluación de las características de una llamada telefónica antes de decidir si responder a ella o no, y de qué modo. Algunos métodos son: escuchar el mensaje que se graba en un contestador automático o buzón de voz; o comprobar en una pantalla de identificación de llamadas para ver quién es o el número desde el que se llama.

EVOLUCIÓN HUMANA Y COGNICIÓN EXTENDIDA

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LA EVOLUCIÓN DE LA INTELIGENCIA EN LOS PRIMATES (JEROME BRUNER)

“Los seres humanos tenemos una infancia más prolongada y dependiente que otros primates. La opinión presente concerniente al origen de esta condición es algo como lo que sigue. En la medida en que los homínidos se hicieron crecientemente bípedos, con las manos libres necesarias para el uso de herramientas, hubo no solo un aumento en el tamaño del cerebro, sino también el requerimiento de una estructura pélvica más fuerte para que resistiera el impacto del esfuerzo de caminar erguido. La fortaleza aumentada de la estructura pélvica se hizo posible mediante un cierre gradual del canal del parto, y se produjo una paradoja obstétrica: un cerebro más grande, pero un canal del parto más pequeño para que el neonato pase a través de él. La resolución parece haber sido lograda mediante la inmadurez cerebral del infante humano, no solo permitiendo que el neonato pase a través del canal reducido, sino también asegurando una infancia prolongada durante la que los modos y habilidades de la cultura pudieran ser transmitidos. Hay argumentos razonables que esgrimir a favor de que la evolución del sistema nervioso de los primates desde las humildes musarañas de los árboles a través de los lémures y tarseros y monos hasta los grandes simios y el hombre ha sido en la dirección no solo de más corteza cerebral y más tejido para los receptores a distancia, sino también hacia la selección evolutiva de formas inmaduras. Esta tendencia a la neotenia, como es llamada, es particularmente notable en el hombre, al punto de que el cerebro humano se asemeja en algunos aspectos más al cerebro fetal de gorila que al cerebro adulto de ese gran simio.”[1]

AGIGANTANDO LA MENTE (ANDY CLARK)

“Los años recientes han visto el descubrimiento, en cerebros primates, de una variedad de las llamadas neuronas bimodales. Éstas son “neuronas pre-motoras, parietales y putaminales que responden tanto a información somatosensorial de una región dada (el Campo Receptivo somatosensorial; CRs) como a información visual del espacio (Campo Receptivo visual; CRv) adyacente a ella” (Maravita & Iriki, 2004, p. 79).

Por ejemplo, algunas neuronas responden a estímulos somatosensoriales (toques suaves) en la mano y también a estímulos presentados visualmente cerca de la mano como para producir una codificación del espacio visual relevante para la acción. En una serie de experimentos, se tomaron registros de neuronas bimodales de la corteza intraparietal de macacos japoneses mientras los macacos aprendían a alcanzar comida usando un rastrillo. Los experimentos encontraron que después de solo 5 minutos de uso del rastrillo, las respuestas de algunas neuronas bimodales cuyos campos receptivos visuales captaban estímulos cerca de la mano se habían expandido para incluir la longitud entera de la herramienta, “como si el rastrillo fuera parte del brazo y antebrazo” (Maravita & Iriki, 2004, 79). Similarmente, otras neuronas bimodales, que previamente habían respondido a estímulos visuales dentro del espacio alcanzable por el brazo, ahora tenían campos receptivos visuales que cubrían el espacio accesible por la combinación brazo-rastrillo. Después de estudiar una serie de otros descubrimientos relacionados, incluido un trabajo fascinante en el que se observan efectos similares tras la experiencia de alcanzar algo con un brazo virtual en una visualización en una pantalla, Maravita & Iriki concluyen: “Tales expansiones de los campos receptivos visuales podrían constituir el sustrato neural de la ‘asimilación dependiente del uso’ de la herramienta hacia el esquema corporal, sugerido por la neurología clásica” (2004, 80).

En sujetos humanos que sufren de negligencia unilateral (en la que los estímulos de una cierta región del espacio codificado egocéntricamente son selectivamente ignorados), se ha demostrado que el uso de un palo como herramienta para alcanzar algo, de hecho extiende el área de negligencia visual para abarcar el espacio ahora alcanzable usando la herramienta (ver Berti & Frassinetti 2000). Berti y Frasinetti concluyen que

“el cerebro hace una distinción entre “espacio lejano” (el espacio más allá de la distancia alcanzable) y “espacio cercano” (el espacio dentro de la distancia alcanzable) [y que]… simplemente sostener un palo causa un re-mapeo del espacio lejano a espacio cercano. En efecto, el cerebro, al menos para algunos propósitos, trata el palo como si fuera una parte del cuerpo” (2000, 415).

Los cambios neurales plásticos reportados por Carmena et al., y ahora además enfatizados por Maravita e Iriki y por Berti y Frassinetti, sugieren una real (científicamente bien fundada y filosóficamente importante) distinción entre verdadera incorporación al esquema corporal y mero uso. El esquema corporal, es importante advertir, no es lo mismo que la imagen corporal, aunque los 2 pueden a veces estar relacionados. Tal como yo usaré los términos (ver Gallagher 1998), la imagen corporal es un constructo consciente que puede informar al pensamiento y al razonamiento acerca del cuerpo. El esquema corporal, por contraste, es una serie de esquemas neurales que implícitamente (y no conscientemente) definen un cuerpo en términos de sus capacidades para la acción, por ejemplo, definiendo la extensión de “espacio cercano” para programas de acción.

Hacia La Extensión Cognitiva

¿Puede algo como esta noción de incorporación (en lugar de mero uso) y la consecuente emergencia de nuevas totalidades sistémicas tener asidero en el dominio más etéreo de la mente y la cognición? ¿Podrían las mentes humanas ser genuinamente extendidas y aumentadas por ajustes culturales y tecnológicos, o es ella (como muchos psicólogos evolucionistas, tales como Pinker 1997, nos quieren hacer creer) solo la misma antigua mente con una brillante nueva herramienta?

(…)

Consideremos el caso de Sheba y las golosinas tal como es contado por Boysen et al. (1996). Sheba (una hembra chimpancé adulta) ha recibido entrenamiento simbólico y numérico: ella sabe acerca de los números. Sheba se sienta con Sarah (otra chimpancé), y se le muestran 2 platos de golosinas. A lo que Sheba apunta, Sarah lo obtiene. Sheba siempre apunta al montón más grande, en consecuencia obteniendo menos. Ella visiblemente odia este resultado pero parece no poder mejorar su desempeño. Sin embargo, cuando las golosinas llegan en contenedores con una envoltura con números, se rompe el hechizo y Sheba apunta al número más pequeño, obteniendo entonces más golosinas.

Lo que parece estar ocurriendo aquí, de acuerdo a Boysen, es que los símbolos materiales, al ser simples y desprovistos de la mayoría de los estímulos físicos significativos de golosinas, permiten a las chimpancés evitar la captura de su propia por conducta por subrutinas rápidas y automáticas ecológicamente específicas. El símbolo material actúa aquí como un sustituto manipulable y, en algún sentido, “superficialmente interpretado”, que permite aflojar el lazo entre percepción y acción. Es importante que la presencia del símbolo material impacta la conducta no en virtud de ser una clave para una más rica representación mental interna (aunque podría serlo también) sino que por sí solo, como símbolo material, proporcionando un nuevo objetivo de la atención selectiva y un nuevo fulcro para el control de la acción. Tales efectos, como argumenta Clowes (2007), dependen por supuesto de la presencia de algo parecido a un sistema de interpretación. Pero es su habilidad de proporcionar objetivos perceptuales simples, con reducción de los afectos, lo que (quiero sugerir) explica mucho de su potencial cognitivo.

De manera muy similar, el acto de etiquetar crea un nuevo reino de objetos perceptuales acerca del cual utilizar las capacidades básicas de aprendizaje estadístico y asociativo. El acto de etiquetar altera por tanto las cargas computacionales impuestas por ciertos tipos de problemas (…) Mi ejemplo favorito (Clark 1998b) comienza con el uso, por chimpancés por lo demás no conocedores del lenguaje, de etiquetas concretas (formas plásticas simples y distintas) para relaciones tales como mismidad y diferencia. Así, un par como copa-copa puede estar asociado con un triángulo rojo (mismidad), y copa-zapato con un círculo azul (diferencia). Esto no es por sí mismo sorprendente. Lo que es más interesante es que después de este entrenamiento, los chimpancés adiestrados para etiquetar (y solo esos chimpancés) son capaces de aprender acerca de las propiedades abstractas de mismidad de orden superior, esto es, son capaces de aprender a juzgar de entre dos pares presentados (por ejemplo, copa-copa y copa-zapato) que la relación entre las relaciones es una de ‘diferencia’ de orden superior (o mejor, ‘falta de mismidad’ de orden superior) porque el primer par exhibe la relación de mismidad y el segundo par muestra la relación de diferencia (Thompson, Oden & Boysen, 1997). La razón por la que los chimpancés entrenados para etiquetar pueden llevar a cabo esta sorprendente hazaña es, así lo sugieren los autores, porque al recordar mentalmente las etiquetas, los chimpancés pueden reducir el problema de orden superior a uno de orden inferior: todo lo que tienen que hacer es reparar en que la relación de diferencia describe al par de las dos etiquetas recordadas (triángulo rojo y círculo azul).”[2]

[1] Bruner, Jerome (2006). In Search of Pedagogy. The Selected Works of Jerome S. Bruner. New York: Routledge, p. 109.

[2] Clark, A. (2008). Supersizing The Mind. Embodiment, Action and Cognitive Extension. New York: Oxford University Press, pp. 38-46.

LA EVOLUCIÓN CULTURAL DE LOS HOMÍNIDOS EN EL PALEOLÍTICO

El Paleolítico (Edad antigua de la piedra) es el período más largo de la existencia del ser humano (de hecho abarca un 99 % de la misma) y se extiende desde hace unos 2,85 millones de años (en África) hasta hace unos 12 000 años. ‘Paleolítico’ significa etimológicamente piedra antigua, término creado por el arqueólogo John Lubbock en 1865 en contraposición al de Neolítico (Edad moderna de la piedra).

Constituye, junto con el Mesolítico/Epipaleolítico (fases de transición) y el Neolítico, la llamada Edad de Piedra, denominada así porque la elaboración de utensilios líticos ha servido a los arqueólogos para caracterizarla (en oposición a la posterior Edad de los Metales).

Aunque esta etapa se identifica con el uso de útiles de piedra tallada, también se utilizaron otras materias primas orgánicas para construir diversos artefactos: hueso, asta, madera, cuero, fibras vegetales, etc. Durante la mayor parte del Paleolítico inferior las herramientas líticas eran gruesas, pesadas, toscas y difíciles de manejar, pero a lo largo del tiempo fueron haciéndose cada vez más ligeras, pequeñas y eficientes. El hombre del Paleolítico era nómada, es decir, su vida estaba caracterizada por un desplazamiento continuo o periódico (estacional).

Periodización

El Paleolítico ha sido dividido tradicionalmente en tres periodos:

  • Paleolítico inferior, desde hace unos 2,85 millones de años hasta los 127 000 años antes del presente (AP)
  • Paleolítico medio, desde los 127 000 AP hasta los 40 000-30 000 años AP
  • Paleolítico superior, desde los 30 000 AP hasta alrededor del 12 000 AP

Esta periodización solamente es válida en su totalidad para Europa y las áreas  de África  y Asia más cercanas. Para el resto del Viejo Mundo y América se han comenzado a desarrollar diferentes periodizaciones pero todavía no se han establecido consensos acerca de su utilización.

PALEOLÍTICO INFERIOR: HOMO HABILIS, HOMO ERGASTER, HOMO ERECTUS, ETC.

El Paleolítico inferior se caracteriza por la presencia de dos tradiciones líticas de evolución muy lenta: la olduvayense modo técnico 1 y la achelense o modo técnico 2. Es la etapa más larga de toda la Prehistoria, ya que se considera que comenzó hace unos 2,85 millones de años (cuando están datadas las primeras herramientas conocidas creadas por homininos) y duró hasta hace unos 125-127 000 años (cuando comienza el Tarantiense o Pleistoceno superior, que coincide con la aparición de las industrias musterienses o modo técnico 3, propias del paleolítico medio).

El artesano olduvayense

Desde los primeros años de la investigación, hasta nuestros días, pende la cuestión que no ha sido resuelta, sobre quién fabricó las herramientas olduvayenses. Parece probable, al menos en gran parte, atribuir la fabricación de estas herramientas a los primeros especímenes del género Homo, es decir, Homo habilis (entendido en sentido amplio, incluyendo también Homo rudolfensis, con quien parece estar estrechamente emparentado) y las formas ancestrales de Homo erectus (también en sentido amplio, lo que implica incorporar a Homo ergaster).

Olduvayense o modo 1

Olduvayense o modo 1

Sin embargo, las industrias más antiguas han sido datadas en el arroyo de Kada Gona, Etiopía, en 2,63 millones de años como mínimo, mientras que los restos más antiguos de Homo, precisamente en esa misma zona (un maxilar del Hadar), se fechan en 2,33 millones de años (existen restos dudosos de Homo en el lago Baringo, con 2,4 millones de años). En cualquier caso, se aprecia a este respecto una clara falta de sincronización entre evidencias arqueológicas y paleontológicas. La aparición de restos de Australopithecus garhi cerca de objetos tallados en la depresión de Afar en Etiopía, con 2,5 millones de años, ha instigado la sospecha de que esta especie pudo fabricar herramientas. Igualmente parece existir cierta correlación entre los australopitecinos robustos, esto es, Paranthropus, y el olduvayense sudafricano; siendo el caso más notable el de la cueva de Swartkrans en Sudáfrica. Pero, como ya se ha indicado más arriba, los estudios tafonómicos parecen apuntar a que los huesos son restos dejados por depredadores y carroñeros que consumieron homínidos, o sus cadáveres (especialmente la hiena). Además, el tamaño del cerebro y la dentición de los parántropos no parecen corresponderse con un ser que fuese capaz de crear herramientas complejas.

Achelense o modo 2.

Achelense o modo 2. Se atribuye el comienzo de su uso al Homo ergaster.

Homo habilis (del latín homo, ‘hombre’, y habilis, ‘hábil’) fue un homínido que vivió en África, entre 2,5 y 1,5 millones de años atrás. Los restos se han hallado en Kenia, en la localidad de Koobi Fora y en Tanzania, en la conocida Garganta de Olduvai. Su capacidad craneal era de 600 cm3. Tallaban piedras, eran cazadores y carroñeros, y practicaban el canibalismo.

Homo ergaster fue otro homínido propio de África. Se estima que vivió hace entre 1,9 y 1,4 millones de años. El Homo ergaster procede probablemente del Homo habilis y es descrito por algunos autores como el antecesor africano de Homo erectus. Algunos especialistas consideran que pueden haber sido una única especie, debido a su gran parecido anatómico, en cuyo caso tendría prioridad su denominación como Homo erectus, pero parece asentarse la aceptación de dos especies diferente. Homo ergaster tiene un cráneo menos robusto y con toros supraorbitales menos acusados que los Homo erectus asiáticos, y se asocia, en sus comienzos, a la industria lítica olduvayense o modo 1, para luego pasar a la achelense o modo 2. Homo ergaster es muy diferente a los homínidos anteriores y muestra cambios anatómicos importantes:

  • La talla y proporción del cuerpo es similar a la nuestra
  • El cerebro sufre un aumento importante, rondando los 850 cm³

Es muy posible que la duración de su infancia, adolescencia y vida adulta sea intermedia entre las del chimpancé y el ser humano moderno. A diferencia de Homo habilis, se le reconoce en el uso de la tecnología de modo 2 o achelense, la búsqueda deliberada, y por tanto consciente de instrumentos de forma predeterminada.

A excepción del cráneo, tanto Homo erectus como Homo ergaster tienen una constitución física bastante parecida a la del hombre actual, siendo similar en estatura, aunque en general son de complexión más robusta y fuerte, y tienden a ser algo más anchos de caderas. Las proporciones de piernas y brazos, ya son totalmente modernas.

Homo erectus fue un homínido que vivió entre 1,9 millones de años y 70.000 años antes del presente. Los Homo erectus clásicos habitaron en Asia oriental (China, Indonesia). En África se han hallado restos de fósiles afines que con frecuencia se incluyen en otra especie, Homo ergaster. También restos fósiles europeos han sido clasificados como Homo erectus, aunque la tendencia actual es la de reservar el nombre Homo erectus para los fósiles asiáticos. El volumen craneal, muy variable, ha ido aumentando a lo largo de su dilatada historia, llegando a situarse en torno a 1.250 cm3. Era muy robusto y tenía una talla elevada, hasta 1,80 m de medida. La industria lítica que producía pertenece principalmente al Achelense y probablemente dominaba el fuego.

PALEOLÍTICO MEDIO: HOMO NEANDERTHALENSIS

Se caracteriza por el predominio de una tradición lítica denominada musteriense, que utiliza la técnica de talla llamada método Levallois o modo técnico 3, que consiste en obtener una o varias lascas de forma predeterminada, a partir de una preparación particular del núcleo. Es un periodo mucho menos extenso que el anterior (el Paleolítico inferior) y abarca aproximadamente entre los años 150 000 -127 000 antes del presente (AP) y 40 000-30 000 AP.

Musteriense o modo 3.

Musteriense o modo 3.

El musteriense es un complejo tecnológico/estilístico englobado dentro del Paleolítico medio y relacionado con el Homo neanderthalensis. Nació hace unos 125.000 años y pervivió hasta hace unos 40.000 años (30.000 en algunos lugares del sur de Europa como la península ibérica y la península itálica). Su nombre procede del abrigo rocoso de Le Moustier (Francia), donde Gabriel de Mortillet descubrió en 1860 una industria lítica prehistórica, que se asocia con los fósiles de Homo neanderthalensis encontrados en 1907. Esta industria usa como materias primas principales como el sílex y la cuarcita. Las herramientas más características son raederas, puntas, hendedores, cuchillos de dorso etc…

PALEOLÍTICO SUPERIOR: HOMO SAPIENS

El Paleolítico superior es el tercero y último de los periodos en que está dividido el Paleolítico. Está caracterizado por la preponderancia de las industrias líticas englobadas en el modo técnico 4 y clasificadas en distintas cronoculturas: Châtelperroniense, Auriñaciense,  Gravetiense, Solutrense y Magdaleniense, según los yacimientos epónimos de Francia donde fueron identificadas. Se extiende aproximadamente entre los años 40-30 000 antes del presente (AP) y el 12-10 000 AP.

Buriles y cuchillos magdalenienses, modo 4.

Buriles y cuchillos magdalenienses, modo 4.

El Paleolítico superior coincide con la segunda mitad del último periodo glacial, de clima muy frío aunque con intervalos algo más templados (los interestadiales). También se caracterizó porque las especies humanas de anteriores periodos, como Homo erectus, el homínido de Denísova, Homo neanderthalensis u Homo floresiensis, fueron sustituidas en todo el mundo por el Homo sapiens, que quedó como el único superviviente de la subtribu Hominina.

Homo sapiens

Los primeros afectados por nuestra expansión fueron las otras especies de homininos que vivían en Europa o Asia y que, tras un periodo de coexistencia, desaparecieron. Hace unos 100 000 años el H. sapiens arcaico llegó a Palestina, pero no fue capaz de seguir hacia occidente, quizás porque su tecnología, la musteriense, era igual que la de su contemporáneo, el H. neanderthalensis, que habitó esa misma región posteriormente, sobre el 60 000 AP. Pero sí que se distribuyó por oriente, sustituyendo fácilmente a los últimos Homo erectus de Indonesia o China y llegando a Australia hace unos 60 000 años. Hacia el 40 000 AP y ya con sus nuevas herramientas auriñacienses, los cromañones empezaron a extenderse por toda Europa, compartiendo durante unos 10 000 años el terreno con los neandertales, que llegaron a adoptar industrias y comportamientos culturales similares antes de desaparecer definitivamente.

Todos nosotros pertenecemos a la especie Homo sapiens. Nuestro cráneo, con una capacidad media de 1400 cm, es más redondeado y alto que el de nuestros predecesores, tenemos mentón y unos arcos supraorbitales poco evidentes. La inteligencia de H. sapiens no es superior a la que debió tener H. neanderthalensis, pero sí es diferente, muy relacionada con los comportamientos simbólicos que nos llevaron a desarrollar el arte y unas relaciones sociales cada vez más complejas. Un claro exponente de esta nueva preocupación por los simbolismos es la abundancia de adornos personales cosidos a las ropas o en forma de collares, pulseras o cinturones, decorando sus herramientas o incluso su propio cuerpo, como parece indicar la presencia de ocre en algunos enterramientos. Estos ornamentos no solamente cumplirían un papel estético sino que también servirían para identificar a sus portadores y relacionarlos con su grupo o tribu.

El esqueleto de los primeros H. sapiens era más ligero que el de los neandertales y se fue volviendo cada vez más grácil a lo largo del Paleolítico superior. También se fue haciendo más pequeño: si al principio del periodo la media de altura masculina era de 1,76 m y la femenina de 1,63, en el Mesolítico-Epipaleolítico se había reducido a 1,63 y 1,51 respectivamente. Es posible que estos cambios fueran la consecuencia de la aparición de armas como el propulsor y el arco, que les permitieron matar sus presas a gran distancia, necesitando así mucha menos energía y fuerza. A la vez, su mayor ligereza les permitía realizar largos desplazamientos con un gasto energético relativamente bajo.

JOHN SEARLE EN DEFENSA DE LA CONSCIENCIA CONTRA DANIEL DENNETT

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En su libro El Misterio de la Conciencia (The Mystery of Consciousness)[1], John Searle (1997) realiza un análisis de varias teorías filosóficas y científicas sobre la consciencia, todas ellas enmarcadas en los campos de la filosofía de la mente y las ciencias cognitivas. Allí hay un capítulo que revisa la teoría de otro filósofo, el materialista Daniel Dennett. El libro La Conciencia Explicada (Consciousness Explained) de Dennett, en el que Dennett niega la existencia de la consciencia, es criticado por Searle en este capítulo, llamado La Consciencia Negada.

Cabe mencionar que Dennett también niega la existencia de los qualia, es decir, las experiencias subjetivas, en su artículo Quining Qualia, donde sostiene:

“La reacción estándar a esta afirmación es el reconocimiento complaciente de que mientras algunas personas de hecho pueden haber sucumbido a una u otra forma de confusión o fanatismo, la apelación propia a una idea modesta, inocente, de propiedades de la experiencia subjetiva, es sin duda segura. Esta es justo la presunción de inocencia que quiero derrocar. Quiero desplazar el peso de la prueba, para que cualquier persona que quiera apelar a propiedades privadas, subjetivas, tenga que probar primero que al hacerlo no está cometiendo un error” (Dennett, 2002, p. 227).[2]

En el capítulo referido a Dennett de El Misterio de la Conciencia, Searle escribe:

“El libro de Dennett es único entre los varios libros bajo discusión aquí en que no hace ninguna contribución al problema de la consciencia sino que en cambio niega que exista un problema tal. Dennett, como dijo Kierkegaard en otro contexto, mantiene las formas, mientras que las desnuda de su significado. Él mantiene el vocabulario de la consciencia, mientras niega su existencia.

Pero alguien podría objetar: ¿no es posible que la ciencia descubra que Dennett tenía razón, que en realidad no hay tales cosas como los estados mentales internos cualitativos, que toda la cosa es una ilusión como las puestas de sol? Después de todo, si la ciencia puede descubrir que las puestas de sol son una ilusión sistemática, ¿por qué no podría descubrir también que los estados mentales tales como el dolor son ilusiones igualmente? Existe esta diferencia: en el caso de las puestas de sol la ciencia no niega la existencia del datum, que el sol parece moverse a través del cielo. Lo que hace es dar una explicación alternativa de este y otros datos. La ciencia preserva la apariencia mientras que nos da una revelación más profunda de la realidad detrás de la apariencia. Pero Dennett niega la existencia de los datos desde el comienzo.

¿Pero no podríamos refutar la existencia de estos datos probando que son solo ilusiones? No, no puedes refutar la existencia de las experiencias conscientes probando que son solo una apariencia que disfraza la realidad subyacente, porque en lo que concierne a la consciencia la existencia de la apariencia es la realidad. Si me da la exacta impresión como de que estoy teniendo experiencias conscientes, entonces estoy teniendo experiencias conscientes. Este no es un punto epistémico. Yo podría hacer varias clases de errores acerca de mis experiencias, por ejemplo, si sufriera de dolores de un miembro fantasma. Pero confiablemente informada o no, la experiencia de sentir el dolor es idéntica con el dolor de un modo que la experiencia de ver una puesta del sol no es idéntica con una puesta del sol.

Considero la negación de Dennett de la existencia de la consciencia no como un nuevo descubrimiento, ni siquiera como una posibilidad seria, sino que como una forma de patología intelectual. El interés de su postura radica en averiguar qué asunciones podrían llevar a una persona inteligente a ponerse a sí misma en un camino sin salida como ese. En el caso de Dennett, las respuestas no son difíciles de encontrar. Él nos dice: “La idea en su forma más simple es que puesto que nunca puedes ‘ver directamente’ en las mentes de las personas, sino que tienes que tomar sus palabras para esto, cualquiera hechos tales como los que hay acerca de estados mentales están fuera de los datos de la ciencia”. Y luego,

“Incluso si los eventos mentales no están entre los datos de la ciencia, esto no significa que no podamos estudiarlos científicamente… El desafío es construir una teoría de los eventos mentales, usando los datos que el método científico permite. Una teoría tal tendrá que ser construida desde un punto de vista de tercera persona, puesto que toda la ciencia se construye desde esa perspectiva.”

La objetividad científica de acuerdo a la concepción de Dennett requiere “el punto de vista de tercera persona”. Al final de su libro combina esta visión con el verificacionismo –la idea de que solo las cosas que pueden ser científicamente verificadas existen realmente. Estas dos teorías lo llevan a negar que pueda existir ningún fenómeno que tenga una ontología de primera persona. Es decir, su negación de la existencia de la consciencia deriva de dos premisas: la verificación científica siempre toma el punto de vista de tercera persona, y nada existe que no pueda ser verificado por la verificación científica así construida. Este es el más profundo error en el libro y es la fuente de la mayoría de los otros, así que quiero terminar esta discusión exponiéndolo.

Debemos distinguir el sentido epistémico de la distinción entre los puntos de vista de primera y de tercera persona (es decir, entre el subjetivo y el objetivo) del sentido ontológico. Se puede saber que algunas afirmaciones son verdaderas o falsas independientemente de prejuicios o actitudes de parte de los observadores. Son objetivas en el sentido epistémico. Por ejemplo, si yo digo “Van Gogh murió en Auvers-sur-Oise, Francia”, esa aseveración es epistémicamente objetiva. Su verdad no tiene nada que ver con las preferencias o prejuicios personales de nadie. Pero si digo, por ejemplo, “Van Gogh era un pintor mejor que Renoir”, esa aseveración es epistémicamente subjetiva. Su verdad o falsedad es un asunto, al menos en parte, de las actitudes y preferencias de los observadores. Además de este sentido de la distinción objetivo-subjetivo, hay un sentido ontológico. Algunas entidades, las montañas por ejemplo, tienen una existencia que es objetiva en el sentido de que no depende de ningún sujeto. Otras, el dolor por ejemplo, son subjetivas en que su existencia depende de ser sentidas por un sujeto. Tienen una ontología de primera persona, o subjetiva.

Ahora bien, el punto es este. La ciencia de hecho aspira a la objetividad epistémica. La meta es obtener un conjunto de verdades que estén libres de nuestros prejuicios y preferencias particulares. Pero la objetividad epistémica de método no requiere la objetividad ontológica de materia temática. Es sencillamente un hecho objetivo –en el sentido epistémico- que yo y la gente como yo tenemos dolores. Pero el modo de existencia de estos dolores es subjetivo –en el sentido ontológico. Dennett tiene una definición de la ciencia que excluye la posibilidad de que la ciencia pueda investigar la subjetividad, y piensa que la objetividad de tercera persona de la ciencia lo obliga a esta definición. Pero ese es un mal juego de palabras de doble sentido sobre “objetividad”. El propósito de la ciencia es obtener una explicación sistemática de cómo funciona el mundo. Una parte del mundo consiste en fenómenos ontológicamente subjetivos. Si tenemos una definición de la ciencia que nos prohibe investigar esa parte del mundo, es la definición lo que debe ser cambiado, y no el mundo.

No quiero dar la impresión de que todas las 511 páginas del libro de Dennett consisten en repetir el mismo error una y otra vez. Por el contrario, él tiene muchos puntos positivos y es especialmente bueno en resumir mucho del trabajo actual en la neurobiología y ciencia cognitiva. Por ejemplo, él plantea una interesante discusión de las complejas relaciones entre el orden temporal de los eventos en el mundo que el cerebro representa y el orden temporal de la representación que ocurre en el cerebro.

La prosa de Dennett, como algunos críticos han aseverado, es vivaz y en ocasiones entretenida, pero en puntos cruciales es imprecisa y evasiva, como he tratado de explicar aquí. En sus peores partes trata de intimidar al lector con lenguaje abusivo y cuestiones retóricas, como lo ilustra el citado pasaje sobre los zombies. Un movimiento típico es describir la visión opuesta como referida a entidades “inefables”. Pero no hay nada inefable en el dolor que sientes cuando te pellizcas.

(…)

El método que adopté en mi revisión fue tratar de diagnosticar qué supuestos filosóficos llevaron a Dennett a negar la existencia de los estados conscientes, y por lo que puedo decir en base a su carta, él no tiene objeción alguna a mi diagnóstico. Él piensa que la conclusión de que no hay estados conscientes se deriva de dos axiomas que él sostiene explícitamente: la objetividad de la ciencia y el verificacionismo. Estos son: primero, que la ciencia usa métodos objetivos o de tercera persona; y segundo, que nada existe que no pueda ser verificado por métodos científicos así definidos. Yo argumenté con cierta extensión en mi revisión que la objetividad de la ciencia no tiene la consecuencia que él piensa que tiene. La objetividad epistémica del método no imposibilita la subjetividad ontológica de la materia temática. Para decirlo en jerga menos estrafalaria: el hecho de que mucha gente tenga dolores de espalda, por ejemplo, es un hecho objetivo de la ciencia médica. La existencia de estos dolores no es un asunto de las opiniones o actitudes de nadie. Pero el modo de existencia de los dolores mismos es subjetivo. Solo existen como sentidos por sujetos humanos. Dicho brevemente, el único argumento que encuentro en su libro para la negación de la consciencia descansa en una falacia. Él no dice nada en su carta que responda a mi argumento.

Pero entonces ¿cómo espera defender su visión? La aseveración central es su respuesta en esta frase:

“Yo desarrollo mis argumentos destructivos contra su intuición al mostrar cómo una ciencia objetiva de la consciencia es posible después de todo, y cómo la alternativa “de primera persona” propuesta por Searle lleva a la auto-contradicción y la paradoja en cada inflexión.”

Él señala dos puntos: uno sobre la “ciencia objetiva” y el otro sobre la “auto-contradicción y la paradoja”, así que considerémoslos de a uno. Dennett en su carta refleja exactamente la confusión acerca de la objetividad que puse en evidencia en su libro. Él piensa que los métodos objetivos de la ciencia hacen imposible estudiar las experiencias y sentimientos subjetivos de la gente. Esto es un error, y debería quedar claro que lo es en cualquier libro de texto de neurología. Los autores usan los métodos objetivos de la ciencia para tratar de explicar, y ayudar a sus estudiantes a curar, los dolores subjetivos internos, ansiedades, y otros sufrimientos de sus pacientes. No hay razón para que una ciencia objetiva no pueda estudiar las experiencias subjetivas. La “ciencia objetiva de la consciencia” de Dennett cambia la materia temática. No es acerca de la consciencia, sino que más bien es un abordaje de tercera persona de la conducta externa.

POSDATA:

Después de la publicación de este intercambio, Dennett continuó la discusión en otros escritos. Desafortunadamente, él tiene un persistente problema para citar mis visiones de manera precisa. Dennett produjo lo siguiente:

“Searle ni siquiera está en la misma discusión. Él sostiene que se requieren cerebros orgánicos para “producir” la consciencia – en un punto él dijo de hecho que los cerebros “secretan” la consciencia, como si fuera una especie de fluido mágico-…”

(Conversations in the Cognitive Neurosciences, editado por Michael Gazzaniga, MIT Press, 1997, p. 193)

Nunca he sostenido la absurda visión de que “los cerebros ‘secretan’ la consciencia”. No es sorprendente que Dennett no de ninguna fuente para estas citas, pues no existe ninguna.”

Searle, John (1997). The Mystery of Consciousness. New York: New York Review of Books (pp. 95-131).

[1] Searle, John (1997). The Mystery of Consciousness. New York: New York Review of Books (pp. 95-131).

[2] “The standard reaction to this claim is the complacent acknowledgment that while some people may indeed have succumbed to one confusion or fanaticism or another, one’s own appeal to a modest, innocent notion of properties of subjective experience is surely safe. It is just that presumption of innocence I want to overthrow. I want to shift the burden of proof, so that anyone who wants to appeal to private, subjective properties has to prove first that in so doing they are not making a mistake.” Dennett, D. (2002). “Quining qualia”. En: Chalmers, D. (Eds.). Philosophy of mind. Classical and contemporary readings. Nueva York: Oxford University Press.